Cultura urbana de la ciudad de Valparaíso.

“Valparaíso es una anomalía de América, una ciudad sin plan ni forma”. Sarmiento, Domingo Faustino. Un viaje a Valparaíso. En: Calderón, Op. Cit. Pág. 178.

La necesidad determinó la ubicación lugar, y la geografía de este emplazamiento un desarrollo de la forma urbana basado en la adaptación constructiva y arquitectónica a esta realidad contextual.

Cultura urbana de la ciudad de Valparaíso.

 “Ahora me viene a la memoria una observación previa, y es que pese a que el curso del tiempo todo lo transforma, al hombre le cuesta mucho olvidarse de lo que una cosa determinada fue en su principio aun cuando su función se haya modificado con el paso de los años. Las iglesias cristianas se siguen ajustando a la forma basilical, aunque tal vez a de los templos sería más adecuada para el culto. Los institutos científicos se asemejan todavía a conventos, porque en estos piadoso ámbitos es donde los estudios encontraron por primera vez espacio y calma. Las salas de audiencia de los tribunales italianos son tan espaciosas y altas como la fortuna del municipio lo permite: uno cree hallarse en la plaza pública, al aire libre, el lugar donde antiguamente se administraba justicia. ¿Y no es cierto que todavía construimos los mayores teatros con todas sus dependencias bajo un mismo techo, como si se tratara de las primitivas barracas de feria que se montaban para poco tiempo por medio de tablas unidas unas con otras?. A consecuencia del gran número de personas que quería instruirse durante los tiempos de la Reforma, los estudiantes fueron llevados a casas burguesas, ¿pero cuánto tiempo fue necesario hasta que nuestros orfanatos abrieron sus puertas y los niños pobres pudieron formarse en la escuela de la vida tan necesaria?”  Johann W. Goethe. Viaje a Italia. 1786-1788.

La cultura urbana de la ciudad de Valparaíso es la que no se ha podido comprender, tal como lo dice Goethe nos cuesta como humanidad olvidarnos de lo que aquello fue en su principio, casi de manera inconsciente, pero aun así modificamos sus funciones y luego no lo reconocemos.

En Valparaíso la adaptación al espacio geográfico para constituir habitación y asentamiento es la cultura urbana, donde la preocupación por el “patrimonio” no es más que uno de los temporales cambios o superposición de funciones urbanas, como alguna vez lo fue la colocación del congreso nacional; “el adelanto que quiere hacer las veces de destino”, decía Alberto Cruz en el proyecto de Achupallas. Entonces cuáles serían las plazas públicas interiores como las salas de audiencia italianas en Valparaíso, de qué modo se insiste el destino espacial desde el cual se conforma una tradición urbana, de la cual se es testigo inconsciente, pero contiene la posibilidad de dar curso a un sentido.

¿Cuál es el orden y medida de un desarrollo adaptativo?

La ciudad de Valparaíso entonces con origen y destino, lugar y emplazamiento, adaptación y forma, reconocimiento y valor, tiempo y cultura. Pareciera que el mismo espacio o espacialidad de la ciudad, su desarrollo y poblamiento debiera develar tales interrogantes.

“Y así, a lo largo de la primera mitad del siglo (XVII), el porteño tuvo que poner todo su ingenio para hacer audaces construcciones en las quebradas y laderas de cerros, mientras en el plan se consolidaba el tramado laberíntico que recordaba las irregulares ciudades árabes, colmada de callejuelas – escaleras que conducían a los cerros con cierto parecido al modo de asentarse en los pueblos blancos de la Alpujarra morisca-granadina. Sólo la amplitud del mar, hacia donde miraba todos los días para desahogarse de la estrechez, liberaba al porteño de la casi forzosa vida a intramuros que parecía exigirle su reducido recinto, como en los burgos medievales.(…) Calles, callejones, senderos, galerías, escaleras y puentecillos precarísimos, todo un mundo espontáneo estaba siendo creado por ingeniosos habitadores que, a su modo, respondían al reto del medio. (…) Era otro mundo. Caminar por sus enredadas y peligrosas callejuelas, más propias para cabras de riscos, no era recomendable para viajeros ni curiosos del plan, porque tales sitios producían rechazo por su fealdad y causaban temor por su peligrosidad aún a las justicias. Las impresiones eran siempre negativas.(…) Así se iban poblando todos los cerros que forman el anfiteatro porteño.”  Valparaíso 1830-1930. Rodolfo Urbina. Historiador PUCV. 1996

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