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Archivos Mensuales: febrero 2013

Origen y destino

La ciudad puerto de Valparaíso, hoy aproximándose a cumplir cinco siglos de la llegada de la primera expedición española a cargo de Juan de Saavedra (1536), a quien le debe su nombre, presenta un valor urbano original, que consiste en haber conformado y desarrollado una tradición de construcción basada en la adaptación a una geografía de quebradas, laderas, pendientes y en un espacio plano frente al mar siempre reducido; lo que ha llevado en cada época a sus habitantes a la realización de una particular arquitectura que se disputa entre la aplicación de sus lenguajes, el encuentro con el contexto y forma de este emplazamiento.

El desarrollo urbano de la ciudad comenzó siendo un modesto poblado arrinconado, y lo fue los primeros siglos, hasta alcanzar un desarrollo urbano más consolidado con la llegada de la república en el siglo XVII,  gracias a la apertura de los mercados, lo que le permitió llegar a ser uno de los puertos más importantes y activos de la costa pacífica, impulsando un desarrollo para la ciudad que la llevó a ser en varios aspectos la vanguardia a nivel nacional.

“Y mimetizada con su entorno, casi imperceptible a la distancia cuando ojos ansiosos la miraban desde la cubierta de algún velero, yacía la ciudad o, por mejor decir, vegetaba la aldea a los pies de los cerros mostrando un aspecto no menos gris que su gris contexto cuando asomaba el siglo, apretujada en un sitio tan estrecho como insólito; sólo un rincón, el más opuesto de cuantos parajes se pueden elegir para fundar una ciudad, antítesis, casi una burla, respecto de las dilatadas tierras llanas y fértiles que cobijaban a las demás villas y ciudades de Chile. Sólo como un modesto poblado, sólo como una aldea se presentaba Valparaíso ante los ojos de los primeros viajeros europeos que deseaban contemplar una ciudad amena y al menos de cierta importancia que la conciliara con la imagen que sugería su bello nombre. Pero era más bahía que ciudad. Era la “puerta” del país, mucho más por su proximidad a Santiago que por las bondades de su abierto y desprotegido fondeadero.”Valparaíso 1830-1930. Rodolfo Urbina. Historiador PUCV. 1996

Desde su origen la realidad urbana de Valparaíso se debate entre tres visiones espaciales que determinan forma y habitación: la mirada desde el mar, la ocupación del terreno entre borde cerro- mar, y la adaptación constructiva para habitar la pendiente. Todas ellas constituyen la forma de la ciudad pero a la vez determinan su destino, su “metafísica espacial” tal cual la nombraba Alberto Cruz en el proyecto Achupallas.

“1550-1950. Durante cuatro siglos: Valparaíso en los cerros: Los cerros y el hombre: No los cerros siempre enemigos del agua y del hombre como en todo Chile que en el fondo de algunos valles viven los hombres: no como los cerros en la edad media para defenderse de otros hombres, siempre signos de enemistad. No: los cerros en Valparaíso, signo de amistad; durante 4 siglos el hombre haciendo en ellas su vivienda. Durante cuatro siglos defendiéndose invierno tras invierno de las aguas cuesta abajo que lo inundan todo, y durante cuatro siglos se goza con esto y no se le considera ni un mal, ni hay que apurarse en buscarle remedios. Durante cuatro siglos desde estos cerros conquistan el mar, el peor mar que hay al decir de los marineros de hoy, sin que jamás tuvieran ellos todas las prudentes restricciones que hoy hay que considerar, meditar y sopesar antes de despejar las lanchas. Durante cuatro siglos en los peores cerros con el peor mar.¿Por qué esto? Porque Valparaíso fue fundado en este punto.” Estudio Urbanístico para una Población Obrera en Achupallas. Alberto Cruz. 1953.

Valparaíso entonces al contrario de las ciudades oficialmente fundadas por la corona española en América, las cuales fueron trazadas de manera regular con cuadrícula de Damero bajo las condiciones exigidas por las leyes de indias, tuvo a medida que se desarrollaba ir inventando el modo de adaptarse y utilizar el emplazamiento que le fue asignado.

“Valparaíso es una anomalía de América, una ciudad sin plan ni forma”. Sarmiento, Domingo Faustino. Un viaje a Valparaíso. En: Calderón, Op. Cit. Pág. 178.

La ciudad se entonces desarrolló desde una necesidad que consistía en tener una salida al mar, ser puerto del territorio administrado desde la ciudad de Santiago, fundada en el año 1541, esto dentro de las posibilidades que entregaba la geografía del emplazamiento que limitó su expansión y accesibilidad, pero a la vez facilitó su protección y defensa, factor decisivo para la ubicación de los puertos en la época colonial. Es por esto que las primeras obras de importancia en la ciudad junto a la iglesia Matriz fueron las fortificaciones, la cuales conquistaron la primera altura, la cota en elevación que tienen referencialmente los paseos miradores actuales, y que fueron la posibilidad de generar un asentamiento seguro a ataques marítimos y el primer antecedente de un modo de habitar que siempre ha estado presente desde los cerros, el estar encumbrado y abalconado hacia el mar.

La necesidad entonces determinó la ubicación lugar, y la geografía de este emplazamiento un desarrollo de la forma urbana basado en la adaptación constructiva y arquitectónica a esta realidad contextual.

Reconocimiento y valor de la ciudad de Valparaíso.

La declaración de la UNESCO que otorgó el año 2003 a un sector de la ciudad de Valparaíso la denominación de “Patrimonio de la Humanidad”, bajo el nombre de “Historic Quarter of the Seaport City of Valparaíso” (Barrio histórico de la ciudad portuaria de Valparaíso), reconoce la particular forma urbana como una valor esencial para el reconocimiento.

“Enmarcada en un sitio natural en forma de anfiteatro, la ciudad se caracteriza por un tejido urbanístico tradicional especialmente adaptado a las colinas circundantes, que contrasta con el trazado geométrico utilizado en terreno llano.”   http://whc.unesco.org

De esta manera se abrió una nueva etapa en la historia urbana de Valparaíso, la del reconocimiento y puesta en valor de la condición en la cual se ha conformado la ciudad, en su lugar y con sus habitantes. Pero de esta misma manera la crisis del “patrimonialismo” se ha desatado y a diez años de la importante declaración no se tenido la capacidad ni intención más que de tratar de entender las formas pero no su fondo, la pregunta por el cual es su origen y constitución, aquello que ha sido dicho y desarrollado por los arquitectos desde la mitad del siglo pasado, que aún no existe oídos para oír, ni intelecto para entender.

El disfraz de lo nombrado como “intangible” es palabra engañosa para conformarse con la idea de que lo que está frente y a la vista en realidad no se puede contener en archivos, estadísticas ni declaratorias; porque para comprender la vida hay que vivir, y el comprender radica en los hechos y acciones más que en sus denominaciones. El tiempo transforma la cultura, que es la vida de los hombres y ella a su vez constituye a pesar suyo el espacio de la ciudad, con esto y lo otro, con lo que fue y vendrá.

Cultura urbana de la ciudad de Valparaíso.

 “Ahora me viene a la memoria una observación previa, y es que pese a que el curso del tiempo todo lo transforma, al hombre le cuesta mucho olvidarse de lo que una cosa determinada fue en su principio aun cuando su función se haya modificado con el paso de los años. Las iglesias cristianas se siguen ajustando a la forma basilical, aunque tal vez a de los templos sería más adecuada para el culto. Los institutos científicos se asemejan todavía a conventos, porque en estos piadoso ámbitos es donde los estudios encontraron por primera vez espacio y calma. Las salas de audiencia de los tribunales italianos son tan espaciosas y altas como la fortuna del municipio lo permite: uno cree hallarse en la plaza pública, al aire libre, el lugar donde antiguamente se administraba justicia. ¿Y no es cierto que todavía construimos los mayores teatros con todas sus dependencias bajo un mismo techo, como si se tratara de las primitivas barracas de feria que se montaban para poco tiempo por medio de tablas unidas unas con otras?. A consecuencia del gran número de personas que quería instruirse durante los tiempos de la Reforma, los estudiantes fueron llevados a casas burguesas, ¿pero cuánto tiempo fue necesario hasta que nuestros orfanatos abrieron sus puertas y los niños pobres pudieron formarse en la escuela de la vida tan necesaria?”  Johann W. Goethe. Viaje a Italia. 1786-1788.

 

La cultura urbana de la ciudad de Valparaíso es la que no se ha podido comprender, tal como lo dice Goethe nos cuesta como humanidad olvidarnos de lo que aquello fue en su principio, casi de manera inconsciente, pero aun así modificamos sus funciones y luego no lo reconocemos.

En Valparaíso la adaptación al espacio geográfico para constituir habitación y asentamiento es la cultura urbana, donde la preocupación por el “patrimonio” no es más que uno de los temporales cambios o superposición de funciones urbanas, como alguna vez lo fue la colocación del congreso nacional; “el adelanto que quiere hacer las veces de destino”, decía Alberto Cruz en el proyecto de Achupallas. Entonces cuáles serían las plazas públicas interiores como las salas de audiencia italianas en Valparaíso, de qué modo se insiste el destino espacial desde el cual se conforma una tradición urbana, de la cual se es testigo inconsciente, pero contiene la posibilidad de dar curso a un sentido.

 

“Cultura, cultivo: términos que proceden del  verbo latín colo (colui, clutrum, colere) que significa primeramente cuidar y cultivar; luego proteger, velar sobre algo o alguien; por tanto, habitar. Culter en latín se traduce por “cuchilla de arado”. Así la cultura prende donde la tierra ha sido cultivada. El habitar solo se puede realizar en un medio cultivado, defendido, desbrozado; pero, asimismo, al habitar, se cuida la tierra. Gracias al hábitat, la tierra se civiliza, se ordena, se compone. El habitar introduce orden y medida en el mundo, sin que el desorden deje de rondar.” Nota 3, Apéndice, cap. La regla y el áspid, Castillos en el aire, Pedro Azara, editorial GG, 2005.

 

¿Cuál es el orden y medida de un desarrollo adaptativo?

La ciudad de Valparaíso entonces con origen y destino, lugar y emplazamiento, adaptación y forma, reconocimiento y valor, tiempo y cultura. Pareciera que el mismo espacio o espacialidad de la ciudad, su desarrollo y poblamiento debiera develar tales interrogantes.

 

“Y así, a lo largo de la primera mitad del siglo (XVII), el porteño tuvo que poner todo su ingenio para hacer audaces construcciones en las quebradas y laderas de cerros, mientras en el plan se consolidaba el tramado laberíntico que recordaba las irregulares ciudades árabes, colmada de callejuelas – escaleras que conducían a los cerros con cierto parecido al modo de asentarse en los pueblos blancos de la Alpujarra morisca-granadina. Sólo la amplitud del mar, hacia donde miraba todos los días para desahogarse de la estrechez, liberaba al porteño de la casi forzosa vida a intramuros que parecía exigirle su reducido recinto, como en los burgos medievales.(…) Calles, callejones, senderos, galerías, escaleras y puentecillos precarísimos, todo un mundo espontáneo estaba siendo creado por ingeniosos habitadores que, a su modo, respondían al reto del medio. (…) Era otro mundo. Caminar por sus enredadas y peligrosas callejuelas, más propias para cabras de riscos, no era recomendable para viajeros ni curiosos del plan, porque tales sitios producían rechazo por su fealdad y causaban temor por su peligrosidad aún a las justicias. Las impresiones eran siempre negativas.(…) Así se iban poblando todos los cerros que forman el anfiteatro porteño.”  Valparaíso 1830-1930. Rodolfo Urbina. Historiador PUCV. 1996